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COSTA RICA: DESIGUALDAD Y PANDEMIA

Fernando Zúñiga Umaña
Miembro de la directiva del Colectivo Político Semilla

…en la mayoría de los países estamos siendo testigos una vez más
de los enormes costos de la desigualdad masiva, gobernanza inepta,
desconfianza social y una inmensa población de gente vulnerable
que no puede protegerse del avance de los daños.
De forma alarmante, la propia epidemia está ampliando aún más las desigualdades.
Jeffrey Sachs. Junio 2020.

El mundo es profundamente desigual, en lo que se refiere a tenencia de riqueza y recepción de ingresos existe una desigualdad primaria, la cual se mide por los ingresos que reciben las personas antes de ser sometidas a un sistema de tributos y transferencias. Lo que en el modelo keynesiano se identifican con las siglas Tx y Tr, y que al ser restadas al ingreso nominal permiten identificar el ingreso disponible de las personas. La tendencia de las desigualdades se mide a través de la apropiación de los ingresos totales por parte de los diferentes sectores de la población, en el capitalismo, la desigualdad sigue un proceso ascendente, el cual se puede suavizar a partir de las presiones de los sectores asalariados por medio de sus sindicatos y en general por lo movimientos sociales que se den, o bien por una actitud progresiva por parte de los gobiernos en sus políticas tributarias y el manejo de las transferencias a sectores más vulnerables de la población. El ser humano acepta con naturalidad la desigualdad, y en el momento que lo hace también acepta como natural la injusticia que la genera. Muchos economistas han trabajado el tema con bastante profundidad, sin embargo, pocos se han dedicado a proponer formas de reducirlas, ahí es donde tiemblan sus planteamientos y muestras sus caracteres blandengues de profesionales al servicio del capital.

Uno de los indicadores más utilizados es el coeficiente de Gini, derivado de la curva de Lorenz, la cual muestra cuanto se aleja o se acerca la distribución del ingreso, a una línea de equidad total. Entre más pronunciada la curva, más área representa y por ende más desigualdad. Los valores van representados por un índice de 0 a 100, entre más bajo, la desigualdad es menor.

La profunda desigualdad, escribe Sachs [1], de no ser corregida por los diferentes gobiernos en una estrategia de recuperación económica, hará que el mundo sucumba a mayores olas de inestabilidad. La tasa de mortalidad más alta, señala Sachs, tiene que ver con: el liderazgo político de un país, la disponibilidad de camas en hospitales, el alcance de los viajes internacionales y la estructura etaria de la población, no obstante, enfatiza en la estructura de la distribución de los ingresos y de la riqueza de un país. Es así como se refiere a que EE. UU., Brasil y México representan casi 46.0 % de las muertes por COVID-19 reportadas en el mundo, aunque apenas representan 8.6 % de la población mundial. Precisamente, estos países tienen altos índices de Gini, 41.4, 53.5 y 45.9 % respectivamente. Esta desigualdad, tiene que ver con la misma legitimidad del liderazgo, un país como EE. UU., repleto de blancos pobres, con salarios de hambre, frente a unas minorías, lo que Chomsky ubica como 1.0 %, dueño de 90.0 % de los ingresos.

Un presidente torpe y mal intencionado que gobierna de manera incoherente, que se burla del uso de las mascarillas y de la inminente propagación del virus frente a sus narices, no puede tener la capacidad de organizar a su pueblo y conducirlo a estrategias de enfrentar la pandemia. O en el caso de Bolsonaro, seguidor incondicional del orange man, quien ha condenado a su pueblo a sufrir las consecuencias de la pandemia.

Ahora vamos a nuestros terrenos, Centroamérica, una zona donde la desigualdad social es pan de todos los días. Ocho de los 10 países más desiguales del mundo son latinoamericanos y de ellos 4 son de Centroamérica. Triste panorama. Y precisamente el crecimiento de muertos por coronavirus va en aumento. Costa Rica tiene un coeficiente de Gini de 0.497, el promedio de América Latina es de 0.538, no andamos muy lejos.

La creciente desigualdad del país implica un aumento en los problemas sanitarios, principalmente en las zonas más pobres que es donde se están dando la mayor cantidad de contagios, son las zonas más vulnerables dentro de esta pandemia. Pero, además, la mayor desigualdad significa reducción de la cohesión social y la polarización política, más tratándose de un presidente como Carlos Alvarado, quien dio la espalda a quienes mayoritariamente lo apoyaron en su campaña electoral y que aún sigue dando golpes a los sectores que lo eligieron. Otro problema de la desigualdad es el hacinamiento, las cuarterías donde residen los nicaragüenses que se ocultan como las comadrejas en sus escondrijos para no ser capturados por migración. La desigualdad permite que los sectores más empobrecidos de la población, al no tener ingresos, no puedan pagar sus alquileres y se vayan a vivir a tugurios o a hacinarse donde sus familias más cercanas. Al final de la pandemia, se verán los resultados y se develará la verdadera realidad que vive nuestro país.

También, la desigualdad, junto a la desconfianza en los líderes y la permisibilidad del Gobierno para obligar a que los trabajadores sigan sus rutinas de trabajo y con ello la cotidianeidad, va a hacer que se resientan y reaccionen contra sus líderes. Las masas empobrecidas se darán cuenta de que el discurso de las élites ha sido seguido al pie de la letra por sus líderes políticos, eso tendrá un costo social enorme cuando se supere la crisis. La estrategia nacional de este Gobierno cada vez pierde más coherencia y control de la pandemia, asimismo, los gobiernos locales han sido incapaces de sustituir el papel del Gobierno nacional, demostrando que en nuestro país los alcaldes se eligen, no por su capacidad, sino por su poder para promoverse.

El 9 de julio se dio la cifra récord de 649 casos de coronavirus, el dato del 10 de julio fue de 360 casos, el presidente, como medida, anuncia que se reducirá el salario de los empleados públicos, será que con un menor salario se reduce el contagio, ipso facto, o pensará hacer una redistribución del ingreso para reducir la desigualdad. Nuevamente pone la mira en los trabajadores, ya lo hizo con las universidades, la cuestión es que el líder sigue complaciendo a la élite y arrastrándose como gusano. Los empresarios terratenientes siguen ingresando mano de obra nicaragüense sin controles de ninguna especie y hacinándola en cuarterías, y las víctimas de la desigualdad siguen llenando el transporte público, las aceras y calles de la ciudad, porque si no trabajan no comen. Los ingresos de capital probablemente se han reducido, pero no precisamente en aquellos sectores ubicados en la curva alta de ingresos, ellos son los intocables.

Imagen principal por Fernando Zúñiga Umaña.
[1] Sachs, Jeffrey. «Cómo la desigualdad alimenta las muertes por covid-19». Diario La Nación, 4 de julio 2020. Costa Rica.

Fernando Zúñiga Umaña

Costarricense, estudioso de la realidad económico social y política nacional e internacional. Economista de formación básica, realizó estudios en la Universidad de Costa Rica y en la Flacso México. Durante más de 30 años laboró en la Universidad Nacional de Costa Rica. Actualmente es director del Doctorado en Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. Consultor privado en el campo de la investigación de mercados, estudios socio económicos.

 

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