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COSTA RICA NO ESTA PREPARADA PARA ESTAR EN LA OCDE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dr. Fernando Zúñiga Umaña
Miembro de la Junta Directiva del Comité Político Semilla

Muy pocos costarricenses conocen la historia del Club Unión, centro social que desde su fundación en 1923, ha sido el escenario donde los aristócratas nombraban presidentes. En un principio, más que dinero, para ser miembro del Club Unión, se necesitaba tener “pedigrí”, ubicado en el mero centro de San José, este bello edificio aún se mantiene en pie y trata de mantener ese perfil de socios, aunque ahora el “pedigrí” ha pasado a un segundo plano y hay más interés porque éste tenga capacidad financiera para adquirir y mantener una membresía. Ya no es un asunto de apellidos de abolengo, lo importante es un socio que vista elegantemente, que ingrese en un buen auto al parqueo donde un valet lo ingresa y que consuma a menudo en el lujoso bar restaurant y participe en las largas charlas políticas y económicas que ahí se presenta.  Ahora en el mercado meta de este Club, se ubican los ejecutivos de mediana edad, exitosos y con esa capacidad económica que he mencionado.

¿A quién le puede interesar ser miembro del Club Unión?.  A una persona que tenga interés en mostrar prestigio, éxito profesional financiero frente a sus grupos cercanos, que también le interese “hacer negocios”, darse a conocer, puede tener ambiciones políticas y en términos generales estar dentro de los círculos de poder.

¿A qué viene tanto cuento?  La Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), es algo así como el Club Unión, pero a un nivel macro, a nivel de países. Es selectivo, ya que de 193 países que tiene el planeta solamente 35 están dentro de esta organización, apenas 18.0% del total de países. Estos países han cumplido con requisitos que tienen que ver con sus finanzas y la capacidad de lograr una estabilidad económica basada en estándares, muy afines con los intereses que maneja la misma banca mundial, además de otros fines sociales que de alguna manera son considerados. Sus miembros son los países ricos del planeta, más algunos denominados emergentes, no sabemos de adonde emergen, pero se les llama así a aquellos, que aunque manejan indicadores económicos no muy satisfactorios, muestran cierto nivel de crecimiento económico, de industrialización y se les visualiza un panorama positivo hacia el desarrollo.

El ingreso a la OCDE, se puede considerar un apoyo importante que se le da a un país emergente, dado que entrará a lidiar con los ricos, a mostrarse y a visualizar negocios  que supuestamente les darán un mayor impulso económico. Sin embargo no es gratis, un país como Costa Rica paga como cuota de membresía, cerca de 2.2 millones de dólares por año.  Para ingresar, tuvo que prepararse y empezar a ajustar su economía, ya la OCDE lo ha estudiado a profundidad y le ha señalado aspectos que debe corregir, el Semanario El Financiero[1] identificó seis puntos que consideran los fundamentales y que denominan los seis pecados que la OCDE señala. El primer pecado tiene que ver  que ver con el eterno problema del déficit fiscal. Para la OCDE existen grandes incentivos que deben eliminarse, al igual que la reducción de las  remuneraciones a empleados públicos y en general la reducción del gasto público y el incremento en impuestos (esto lo plantean con menos énfasis y precisión). Específicamente proponen que se reduzca el déficit fiscal en al menos tres puntos porcentuales de ahora al año 2020. (Un punto anual). El déficit fiscal del año 2017 representó 6.2% del PIB. Un punto porcentual del PIB equivale a reducir el déficit en más o menos 326.6 miles de millones de colones. (Aproximadamente 573,9 millones de dólares)  Esta reducción anual que se propone, representa casi una tercera parte del servicio de la deuda. Lo que podrían denominarse puntos porcentuales, tienen un alto costo de oportunidad en la reducción del gasto, o el incremento en los ingresos, menos en un país como Costa Rica, que tiene una importante participación del Estado, que ha permitido una economía mixta basada en la solidaridad social, aspecto que viene en decadencia, casi de principios del presente siglo. Enorme pecado, difícil de dejar de cometerlo, incluso muchos de los criterios para invitar a Costa Rica a ser miembro de la OCDE, son logros que se fundamentan en la importancia que el estado tiene en la conducción social y económica del país. Sin embargo vino la pandemia, y con el mayor de los descaros nuestro presidente la ha  utilizado para cumplir esas metas.

El pecado numero dos se ha venido cometiendo en las entrañas del sistema financiero público, el cual en Costa Rica es muy importante, dado que los bancos públicos tienen una representación alta, al igual que los es el liderazgo que ejerce la banca central en lo que es política monetaria y financiera. Para la OCDE debe mejorarse la gobernanza financiera: distribución del crédito, tasas de interés y en especial reducir la intervención del Banco Central en determinar la tasa de cambio, promoviendo que el  país sea más flexible en ese campo. Duro trabajo debe hacerse para dejar de pecar en manejar el sistema financiero y monetario. Son pasos de gigante, los que se deben dar para reducir la participación de la banca pública dentro del sistema financiero, y más aún si queremos convertir al Banco Central en un callado participante, seguidor de los vaivenes que impone su principal social en cuestiones de tipo de cambio. Eso parece fácil para un presidente que viene dejando hacer a la mano invisible lo que le de la gana, solo que ahora necesita de la banca nacional y del Banco Central.

Se menciona la baja productividad como el pecado número tres, no obstante que esta variable muestra incrementos en la primera década de este siglo. Incluso la misma OCDE señala de que los niveles de productividad “están convergiendo gradualmente hacia el promedio de los países de la OCDE”.  Debe aclararse que la productividad difiere de la producción, el primer concepto se refiere a lo que agrega el uso de capital y trabajo a la producción. Considera la OCDE que el país presenta un ritmo lento en este campo. Incrementar la productividad requiere mejorar la capacidad de producción de los recursos disponibles, es un asunto estructural, dado que tiene que ver con la innovación, la capacitación y el adiestramiento de la mano de obra. Lo interesante es que la OCDE se fija en aspectos más profundos de esta estructura productiva y apunta a la brecha persistente entre el PIB per cápita y la productividad, donde se evidencia que no todos los ciudadanos costarricenses se benefician del crecimiento. Lo que se viene haciendo y lo que la OCDE propones van en dirección a resolver el problema, el cual tiene que ver con el desempleo, principalmente rural y juvenil, combatir la informalidad, reducir desigualdades educativas y en general promover la inclusión. Con la pandemia las políticas de empleo se van al suelo y con la actitud contra el empleado público vamos a tener a finales de año casi una tercera parte de la población desempleada. Campo fértil para incrementar la explotación por parte de las empresas y de una potencial inversión extranjera.

Dentro de esta misma dirección se consideran tres pecados más, para completar los seis pecados que muy atinadamente El Financiero ha determinado: el estancamiento en el empleo, los gastos en educación y entrabamiento en el emprendedurismo.  Señala la OCDE que en términos de empleo Costa Rica se encuentra por debajo de los países de la OCDE, igualmente cuestiona una serie de indicadores relativas a la participación de la población en la fuerza de trabajo, las diferencias etarias y de género. Estos aportes de la OCDE ponen en evidencia la desigualdad existente en el mercado laboral, que por supuesto conduce a desigualdades en la participación de la población en otras esferas sociales y económicas.

Es interesante que en Costa Rica nos jactábamos de contar con una educación formal de buen nivel, con una inversión alta en ese rubro, que incluso supera en relación con el PIB a los países de la OCDE, no obstante la OCDE cuestiona seriamente los resultados que se obtienen con dicha inversión. Consideran que tal inversión puede generar mejores resultados, dado que los niveles educativos y los indicadores relacionados con graduación, promoción y deserción no están en relación con el nivel de inversión. Según estudios de la OCDE más de la mitad de los jóvenes de 25 a 34 años no han terminado la educación secundaria, cifra muy superior al promedio de la OCDE, de 17.0%. Aquí nos enfrentamos a un enorme reto, elevar estos indicadores de rendimiento académico e inclusión, que a mediano plazo reducen la desigualdad social y económica. Hay un retraso en los indicadores y deben hacerse fuertes correcciones para salir adelante, pero parece que en ese campo el gobierno va como el cangrejo.

[1] Semanario El Financiero. Costa Rica. 21-28 Abril 2018. “Los seis pecados señalados por la OCDE” Cisneros María Fernanda.

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