Ir a la barra de herramientas

Economía y coronavirus

 

 

Fernando Zúñiga Umaña 

Miembro de la directiva  del Colectivo Político Semilla

Muerte o crisis económica. La economía en frío plantearía que, para decidir qué hacer frente a esta interrogante ante la pandemia que actualmente existe en el mundo, es necesario utilizar herramientas teóricas para explicar si las políticas se orientan más hacia el crecimiento económico o a la minimización de las víctimas de coronavirus. La curva de posibilidades de producción, una vieja herramienta, con todos los limitantes de la economía utilitarista, llevada al extremo de dos únicas alternativas, nos diría dónde colocar el punto en que se combinen óptimamente el nivel de recursos dedicados a protegernos del coronavirus versus la alternativa de que la economía siga su camino de crecimiento.

Los puntos A y B son extremos, el primero nos indica que se dedicarían todos los recursos al crecimiento económico y que en el campo de salud todo se mantendría igual. Así lo plantea Boris Johnson, primer ministro británico; que se mueran los que se tienen que morir. El punto B es detener la actividad económica y dedicar todos los recursos a aislar a la población de cualquier riesgo de adquirir la enfermedad. Un punto como el C implica una decisión donde las políticas a seguir favorecen la continuidad de la actividad económica en detrimento de las medidas contra el coronavirus; en el punto D, la situación es inversa, ahí se daría más importancia a las medidas contra el coronavirus.
Los países de manera aislada tienen la palabra, en conjunto el Estado y todos los agentes sociales deben decidir dónde ubicarse. Por supuesto que las medidas en este extremo deben valorarse, principalmente si no se tiene claridad del plazo u horizonte de tiempo para valorar el impacto de estas. Son medidas duras, pero dentro de la información requerida deben proyectarse la cantidad de contagios y la tasa de mortalidad para diferentes escenarios de tiempo. Igual pasaría con la producción, que acarrea variables como desempleo y pobreza. Minimizar la actividad económica implica problemas inmediatos de desempleo y reducciones de los ingresos familiares, es ahí donde el Estado debe jugar un papel ampliamente proteccionista y subsidiar a los diferentes agentes económicos.

La extensión de la pandemia conduce al caos total y lograr detenerla exige una participación fuerte del Gobierno de cada país. Por su propia dinámica, la pandemia obliga a las personas a estar en sus casas y evitar el contacto con otras personas, además, las campañas de salud que realiza un Gobierno por medio de sus entidades públicas, coadyuva a que así se dé. Restaurantes, transporte en general, centros comerciales, peluquerías, pulperías, salones de belleza, bares, estadios, conciertos, centros turísticos, hoteles, cabinas, hosterías, supermercados ven cómo desaparecen sus clientes. Esto implica que un importante sector de la economía reduzca parcial y hasta totalmente sus ingresos. Dependiendo del plazo, corto, mediano o largo de la crisis, se irán yendo a la quiebra. Ahí, las políticas económicas y sociales deben encaminarse a tomar decisiones: jornadas parciales de los empleados para evitar el desempleo, aunque provoquen un subempleo visible, reducción de salarios (subempleo invisible). Paralelamente, las propuestas se encaminarán a que se alivie el pago de la deuda, tanto de esas empresas como de sus trabajadores o pequeños propietarios: congelamiento de la deuda, eliminar intereses, posponer pagos a un plazo corto para irlo extendiendo, también lo que se refiere a pago de servicios, como energía eléctrica, agua, cable y otros. Toda esta gama de medidas conforma el menú político, cada una de ellas tendrá impacto económico en el mediano y largo plazo, pero al final de cuentas, como decía Keynes, y ya no literalmente, «todos estaremos muertos».

Las grandes empresas privadas pueden ampliar los beneficios a sus trabajadores, en términos de que tienen mayor capacidad de hacerlo: usando menos trabajadores y enviando a las casas a estos, evitando una sobreproducción que de todos modos no tendría la demanda esperada, ya sean productos de importación o de consumo local. Eso implicaría pagar salarios a parte de su nómina. Es un asunto de solidaridad en momentos de crisis. Bien lo señala Bukele, presidente salvadoreño, estas empresas tienen dinero para vivir bien hasta más de 25 años. Capital acumulado diría yo, y en El Salvador, como diría Marx, sangre y sudor de la fuerza de trabajo, convertida en plusvalía. Darle a estas empresas la opción de reducir personal, es favorecer desigualmente a los agentes económicos, en detrimento de los menos favorecidos, es una política indigna de parte de un Gobierno, que como en el caso de Costa Rica, provocaría al permitirles tales privilegios a empresas como Wal-Mart, Dos Pinos y otras que no viene al caso mencionar.

El logro de políticas que permitan mantener un equilibrio entre la actividad económica y las medidas contra el coronavirus que sean razonables y basadas en la ética social y el bienestar común, requiere de un consenso político. De lo contrario vendría el caos. Las leyes del mercado se van al suelo, el tan gastado concepto de equilibrio económico que supuestamente provoca las fuerzas del mercado, pierde vigencia. La posición que se ocupe entre las alternativas de crecimiento económico o salud, no dependerán de ningún mercado, no habrá una isocuanta que determine el equilibrio.

El Gobierno tiene que olvidarse del déficit fiscal, de la recolección de impuestos, de los problemas en los mercados financieros y deberá intervenir con fuerza en el control de precios, castigar la especulación, controlar las tasas de interés y el crédito, manejar solidariamente el empleo público, subsidiar a sectores etarios de la población, prestando atención al adulto mayor y a corto plazo incrementar la inversión en infraestructura de salud. No es la primera vez, en la crisis de los años veinte del siglo pasado, un economista liberal como Keynes, planteó que le correspondían en esa ocasión al Estado resolver los problemas a través de su participación, hoy nuevamente es así.

El panorama es oscuro y se logrará aliviarlo con fuertes medidas económicas y sociales. Creemos que se trata de un fenómeno externo, que no podemos controlar en cuanto a causas y consecuencias, esperemos que se caiga el telón en el momento en que los ajustes estén dados y donde quizás nos demos cuentas que hemos vivido una pesadilla, o peor aún, que nuevamente, como la historia lo ha demostrado, todo ha sido una burla, en este caso al mundo.

Imagen principal por Fernando Zúñiga Umaña.

 

Fernando Zúñiga Umaña

Costarricense, estudioso de la realidad económico social y política nacional e internacional. Economista de formación básica, realizó estudios en la Universidad de Costa Rica y en la Flacso México. Durante más de 30 años laboró en la Universidad Nacional de Costa Rica. Actualmente es director del Doctorado en Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. Consultor privado en el campo de la investigación de mercados, estudios socio económicos.

 

 
 

Related posts

Leave a Comment