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CUÁL INDEPENDENCIA

Por Fernando Zúñiga
Miembro de la directiva del Colectivo Político Semilla
Para la Revista Gazeta

Nuestros antepasados, en su mayoría labriegos sencillos, hace casi 200 años cuando recibieron el acta de la independencia, por primera vez se dieron cuenta de que eran dependientes. Y de ahí en adelante siguieron siéndolo. No hubo que esperar mucho, ya en 1856, 35 años después, un aventurero norteamericano nos estaba tratando de invadir, por supuesto con la venia de EE. UU. Dentro de la lógica imperialista, pasamos a independizarnos de España, para convertirnos en el patio trasero de EE. UU, el nuevo imperio.

De ahí en adelante vinieron las intervenciones, los marines en Nicaragua en 1927, donde surge un héroe nacional nicaragüense llamado César Augusto Sandino y paralelamente un oligarca ligado a los intereses estadounidenses: Anastasio Somoza, quien de manera traicionera lo asesinó, luego de citarlo a una conferencia de paz lo secuestró y fue asesinado por la guardia nacional somocista. Ya en enero de 1933 los marines habían sido retirados de Nicaragua. Luego vinieron muchas intervenciones más, Árbenz en Guatemala, invasión a Panamá, ocupaciones de Honduras y El Salvador para colaborar en las masacres a campesinos.

De manera que la independencia es tal, siempre y cuando no molesten ni se afecten los intereses estadounidenses en cada uno de estos países. En Costa Rica, las intervenciones e imposiciones de EE. UU., se dan mediante la «diplomacia», el manejo de los medios de comunicación y cientos de artimañas. El orgullo de ser independientes, la posibilidad de manejar ese atributo en los momentos en que el pensamiento, el orgullo, la autonomía y la paz lo exigen, se convierte en actos indignos de sumisión por parte de nuestros políticos. Desde 1851, que EE. UU. instaló su embajada en Costa Rica, se ha venido hablando de los lazos de amistad que nos unen y que nuestro principal socio comercial está en disposición total de protegernos cuando así se requiera, más que todo después de 1948, que dejamos de tener ejército.

Hemos tenido, en los últimos años de nuestra historia, todo tipo de presidentes, pero el denominador común, con excepción del presidente Rodrigo Carazo (1978-1982), es su entreguismo al imperio, su falta de valor en el momento de enfrentarlo. En el 2003, el presidente Abel Pacheco le dio el espaldarazo a la coalición encabezada por EE. UU. en contra de Irak, para justificarlo dijo lo siguiente: «A mí todo muerto me angustia, todo muerto me duele, sea un niño iraquí, americano o costarricense, pero, por supuesto, entre la muerte masiva de niños costarricenses y norteamericanos y la muerte de niños árabes, ¿qué puedo escoger?». Esta expresión de parte de un presidente nos avergüenza y nos demuestra hasta adonde puede llegar el entreguismo de un presidente y el poco respeto por la muerte de niños en Irak, que por cierto debió morderse la lengua cuando se dio cuenta de que el ataque no era justificado y que esos niños iraquíes murieron en vano.

En muchos momentos críticos de nuestra historia, los asuntos se resuelven en la embajada de los EE. UU. y nuestros presidentes usan el voto del país en los organismos internacionales para ponerlo a la orden del país del norte. De lo contrario, vienen las reprimendas. La autonomía de nuestro país se pierde en los entramados de la diplomacia imperialista. Y nuestros diplomáticos «yesman» llegan a esos organismos internacionales a completar la mayoría a favor de las políticas intervencionistas de EE. UU. Esas son las posiciones recientes en la OEA y el denominado Grupo de Lima de parte de nuestro Gobierno, siguiendo las pautas de EE. UU. contra Venezuela, Nicaragua, Cuba y todos los países enemigos del imperio. Los argumentos siempre son los mismos.

Aunado a esta dependencia política, está la dependencia económica. Las políticas económicas deben responder a criterios que fijan las calificadoras internacionales. ¿Cuál es el fundamento que permite tal intervención por parte de estas calificadoras? La deuda externa. El pecado no es deber, es no seguir de manera estricta las pautas que impone el imperio, para satisfacer los indicadores «óptimos» de las calificadoras. Ese juego político-económico no es más que una forma cruel de dependencia, mientras eso funcione, no habrá margen de maniobra de los países en otras instancias, a no ser que un país decida romper con los esquemas e ingresar en la lista negra del imperio.

Los españoles conquistaron y colonizaron nuestros países, impusieron una religión y un dios, de ahí en adelante empezó la dependencia, cuando nos concedieron la independencia, ya estábamos atados a sus tradiciones, a su religión y a su dios, culturalmente y espiritualmente éramos dependientes, luego vino la dependencia política y económica del norte. En esa vorágine han caído gobiernos, se han levantado y sostenido otros, todo dentro de un interés común, el que define el capital y las estrategias geopolíticas de EE. UU.
Hoy, Costa Rica, pese a las condiciones que ha generado la pandemia, está presionada por su alto nivel de endeudamiento, lo acosan las calificadoras y prácticamente lo obligan a cambiar su rumbo, el de un sistema solidario, hasta cierto punto mixto, a un gobierno neoliberal, donde las instituciones que han sido las columnas de dicho sistema están condenadas a desaparecer.
Adicionalmente, nuestro país ha sido invitado a ser miembro de la OCDE, ahí, además de la membresía anual que debe pagarse, hay altos niveles de sometimiento, menos independencia, menos posibilidades de diálogo interno y medidas más duras contra los sectores medios y bajos. Costa Rica está condenado a ser un país diferente, menos independiente, más desigual y menos feliz.

Imagen principal por Fernando Zúñiga Umaña.

Fernando Zúñiga Umaña

Costarricense, estudioso de la realidad económico social y política nacional e internacional. Economista de formación básica, realizó estudios en la Universidad de Costa Rica y en la Flacso México. Durante más de 30 años laboró en la Universidad Nacional de Costa Rica. Actualmente es director del Doctorado en Ciencias de la Administración de la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. Consultor privado en el campo de la investigación de mercados, estudios socio económicos.

 

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